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Octubre 20, 2008

HOMOSEXUALIDAD

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I.- Homosexualidad en la Sociedad Actual

La problemática de la sexualidad y sus distintas expresiones es nodal en las sociedades actuales. Lo es porque los debates en torno a ella, atingen en buena cuenta a los modos básicos de ordenamiento de lo social. Estos debates son una muestra de la lucha política y cultural que pone bajo la luz crítica los principios a partir de los cuales se ha organizado la sociedad, por lo menos en la modernidad. La heterosexualidad como norma, la sujeción y control del cuerpo femenino vinculado a la asociación sexualidad-reproducción, la potencia viril como forme de masculinidad, entre otros, no dejan espacio a posibles diferencias. (Araujo, K.; 2007)

El tema de la homosexualidad o bisexualidad requiere atención especial en la contingencia actual. Ella remite a un pequeño grupo de personas, llamadas  minorías, que no encuentran cabida a sus necesidades en una sociedad que tapa sus oídos frente a sus demandas. Ciertamente la homosexualidad es un tema complejo de abordar, producto de la gran cantidad de significados y descripciones, corrientes teóricas, filosóficas, biológicas o sociales que intentan definir sus parámetros, resulta urgente abarcarla de la mejor manera posible.

Si revisamos diversas fuentes bibliográficas, podemos encontrarnos con distintas reflexiones respecto de lo que significa la homosexualidad y cómo se origina. Si consideramos que ésta puede no ser el resultado de una elección personal, entonces surgen las siguientes preguntas: ¿a qué se debe la homosexualidad y bisexualidad? ¿Cuál es su génesis? ¿Qué implica ser homosexual o bisexual? ¿Cómo se describe la homosexualidad o bisexualidad?, interrogantes que han sido objeto de muchos estudios desde las distintas disciplinas.

Para la vertiente biológica o científica, los genes pueden predisponer más que determinar la conducta homosexual de una persona, y aún cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos parecieran estar correlacionados con la orientación sexual, la relación causal no está ni mucho menos conocida ni definida. Por otra parte, desde una corriente psicológica, la homosexualidad esta marcada en los primeros años por una perturbación en la relación con el progenitor del propio género, es decir, la persona homosexual refleja un cierto tipo de relación fusionante con la madre o el padre (en el caso de las mujeres) y un desarrollo predominantemente narcisista (proyecto de uno mismo reflejado en el otro). (Mifsud, T.; 2006, pp 176)

Sin embargo, la perspectiva que ha tomado mayor fuerza los últimos tiempos, es una mirada más bien social y constructivista, que refiere a la sexualidad como capacidad del cuerpo y de la subjetividad, que sólo adquiere significado en las relaciones sociales. Los significados que se le otorgan a la sexualidad se organizan socialmente y se sostienen por diversos lenguajes, que establecen fronteras y recorridos de actuación, y que no necesariamente son compatibles con nuestras necesidades. Cada sistema social (país/cultura) construye su propia forma de orden y le atribuye sus propios significados a las prácticas sexuales, en base a los cuales se califica como “sana o anormal” las conductas de los sujetos (Olavaria, J., 2000; pp 105).

En este sentido, destaca a nivel global el auge de una ideología de género por sobre los deseos, comportamientos y representaciones de las/os sujetas/os respecto de su sexualidad. Es posible visualizar la tendencia social hacia el empoderamiento de los parámetros de género (masculino/femenino) y sus conductas asociadas, que invalidan las diferencias sexuales. Bajo este contexto entonces: ¿Dónde se situarían y posicionarían las personas que establecen relaciones de pareja con ambos sexos o personas del mismo sexo? ¿Existe un espacio cultural y social para su desarrollo? Y si así fuese, ¿Qué referentes identitarios se construyen en un universo sexual dominado por una ideología de género particular? ¿Cómo se articulan las relaciones de estas personas al interior del campo de la sexualidad?

Si bien es cierto,  es posible constatar una diversidad de orientaciones sexuales en la realidad social, y reconocerla a través de discursos preventivos o educativos, escasamente han sido tratadas de forma tangible y específica por quienes planifican las políticas sociales.

La sexualidad occidental, ha estado históricamente dominada por la heterosexualidad y la reproducción, desvalorizando la diversidad de modos de vivir el deseo. Así, las personas que manifiestan su orientación hacia personas de su mismo sexo o ambos sexos, son categorizadas como homosexuales, lesbianas y/o bisexuales, y rotuladas de “desviadas”, “enfermas“, sujetos, incluso, “merecedores del rechazo social y su aniquilación“; hecho que imposibilita la extensión y visibilización de la diversidad de comportamientos o conductas, descalificando a quienes orientan su deseo de forma diferente, y negando las reales posibilidades de existencia a la diversidad en la sexualidad humana (INJUV, 2006).

Durante siglos, el tema de la “homosexualidad”, “minorías sexuales” o la “diversidad sexual” fue considerado un tópico socialmente irrelevante o desconocido, calificado de “crimen nefando, terrible perversión pecado horrendo” (perspectiva religioso-moral), o “enfermedad grave y contagiosa” (visión científico-psicológica). Sin embargo, y a pesar de la ideología dominante, algo ha cambiado en la sociedad, debido principalmente a los constantes intercambios culturales que han generado nuevos puntos de vista y han permitido cuestionar los anteriores juicios, y prejuicios, procedentes tanto del campo ético como del científico. Así actualmente, se oye hablar de derechos, ejercicio de la libertad humana y de expresión, opción sexual, e incluso, variante sexual (Mifsud, T., 2006).

Además, el aumento de conductas homosexuales, lésbicas o bisexuales, entre la población adolescente/juvenil (12- 25 años), ha entregado la posibilidad de un debate hasta ahora menor, esporádico y confuso, respecto de cuál es la manera más “adecuada” de abordar estas situaciones, qué criterios deben utilizarse y qué políticas sociales deben hacerse cargo de este fenómeno, aunque aún no exista consenso respecto de cuál es el origen o los parámetros que definen la sexualidad humana y, también la homosexualidad; incluso, actualmente se considera que los primeros estudios psicológicos sobre la homosexualidad y sus características, cayeron en el error de generalizar y extender, de manera indebida, sus conclusiones a toda la población, a partir del trabajo con el sector homosexual más conflictivo y neurotizado, quienes presentaban conductas más bien femeninas e histéricas. (Mifsud, T., 2006).

La presencia de una cultura, considerada aún como patriarcal por muchas personas, con patrones de masculinidad o femineidad tan imponentes, no deja espacio para comportamientos sexuales diferentes, que salgan de lo común; por esta razón, tienden a ser castigadas socialmente.

No obstante, con el correr de los años, poco a poco se han ido abriendo espacios de diálogo y reflexión que han permitido instalar este tema a nivel familiar y cultural, de modo que ya no pasa desapercibido ni es negado socialmente, y las personas homosexuales tampoco se encuentran desamparadas ni olvidadas a nivel mundial.

El 8 de febrero de 1994, el parlamento Europeo aprobó una resolución sobre la igualdad de derechos de los homosexuales y de las lesbianas, pidiendo a la Comisión de la Comunidad Europea que recomiende a los Estados miembros, la eliminación de la prohibición de contraer matrimonio, o de acceder a regímenes jurídicos equivalentes, poniendo también fin a toda restricción de sus derechos a ser padres, a adoptar o criar niños (MOVILH, 2006).

Por su parte, bajo el marco de la tercera sesión del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas celebrada el 1 de diciembre del año 2006, 54 países o Estados respaldaron una declaración emitida por Noruega favorable a las minorías sexuales, contando con el voto positivo de Chile.

La Declaración de Noruega llamó “a todos los Procedimientos Especiales y a los órganos de los tratados a que sigan incluyendo a las violaciones de los derechos humanos por orientación sexual e identidad de género entre las preocupaciones de sus mandatos pertinentes” (www.movilh.cl)

En el texto los 54 Estados expresaron además “nuestra más profunda preocupación por estas violaciones continuas a los derechos humanos. Los principios de universalidad y de no discriminación exigen que estos asuntos sean atendidos“. Por ello, agregaron, “instamos al Consejo de Derechos Humanos a otorgar la debida atención a las violaciones de derechos humanos por orientación sexual e identidad de género, y pedimos al Presidente del Consejo que otorgue una oportunidad dentro de alguna sesión futura del Consejo para la discusión de estos importantes asuntos de derechos humanos”. (www.movilh.cl)

La Declaración que fue leída y presentada por el embajador de Noruega ante la ONU, no constituye una resolución ni tampoco obliga a los Estados a adoptar medidas, aunque constituye una de las primeras instancias a nivel internacional de reconocimiento de la situación de vulnerabilidad vivida por las minorías sexuales y abre el camino para futuros pronunciamientos que sean más decisorios.

Mientras tanto, el 11 de diciembre del 2006, el movimiento internacional de minorías sexuales recibía de parte del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), la notificación de aprobación de la solicitud de estatus de “Órgano Consultivo” a tres organizaciones de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales: ILGA-Europa,  LBL de Dinamarca y LSVD de Alemania, respectivamente. (www.movilh.cl)

Los nuevos órganos consultivos de la ONU tendrán derecho a participar de los trabajos de las Naciones  Unidas y tener voz propia y no delegada, como suele ocurrir con la mayoría de las organizaciones de minorías sexuales que deben exponer sus puntos de vistas a través de pronunciamientos de otras instancias de derechos humanos que solidarizan con la causa.

El estatus a la Asociación Nacional Danesa de Gays y Lesbianas fue otorgado por 23 votos a favor, 16 en contra y 11 abstenciones. ILGA-Europa lo obtuvo con 23 votos a favor, 17 en contra y 10 abstenciones, mientras que la Federación Lesbiana y Gay de Alemania, la alcanzó con 24 votos a favor, 16 en contra y 10 abstenciones.

Así, ascienden a cinco los grupos de minorías sexuales con igualdad de  derecho, tras los estatus otorgados previamente a la Coalición de Lesbianas y Activistas de Australia (COAL) y la International Wages Due Lesbians, de Estados Unidos. Además, ello demuestra la tendencia a nivel de estados en instancias Internacionales, de apertura y/ o reconocimiento del status de minorías sexuales como un estado de vida legítimo en la convivencia social, y con resoluciones sobre la igualdad de derechos de los homosexuales y lesbianas.

II.- ¿Homo=Hombre?

Resulta difícil poder definir “homosexualidad” en un sólo concepto o definición, puesto que ella refiere a una condición humana subjetiva que no se reduce simplemente a características o comportamientos, sino que también implica sensaciones y emociones personales. No obstante, es posible plantear algunas aproximaciones que concitan alto consenso. Etimológicamente, la palabra “Homosexual” viene del griego omoius que significa igual, y no del latín homo que significa hombre. Por consiguiente, hace referencia a la inclinación sexual entre individuos del mismo género (masculino-femenino), y no sólo a la atracción sexual entre dos varones. En este sentido, la homosexualidad femenina también es posible y se denomina lesbianismo, nombre asociado a la isla griega de “Lesbos” donde vivía la poetisa Safo quien cantaba al amor entre mujeres. (Mifsud, T., 2006, pp 173)

En este sentido, es posible constatar que la homosexualidad parece ser tan antigua como la misma humanidad, y existe o ha existido en la mayoría de las culturas estudiadas por antropólogos y sociólogos, encontrándose también en los animales, especialmente entre los mamíferos superiores (caballos, camellos, perros). De hecho, se estima que alrededor del 10% de la población mundial sería homosexual, mientras que en cada nación debieran existir cerca de un 5% de homosexuales, de los cuales sólo el 0,3% se reconoce como tal públicamente, mientras el resto lo vive de manera encubierta, por temor a ser discriminados o agredidos, por considerarla un trastorno psiquiátrico, suposición que deriva de una larga pugna histórica entre ciencia y subjetividad. (Ayala, N., Gálvez, F., 2004)

En el año 1869, el doctor Benkert crea el término “homosexualidad”, comprendida como una enfermedad, una esencia y un mal social. Este término reemplazó la antes llamada “sodomía”. Sin embargo, en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) dejó de incluir la homosexualidad en su lista de trastornos mentales debido a que se postuló la existencia de la homosexualidad egosintónica, término que alude a un sensación de bienestar de la persona con su condición (adecuación), no sintiendo culpa y siendo capaz de adaptarse socialmente, situación por la cual, la homosexualidad es eliminada como patología clasificada. (Mifsud, T.; 2006)

A pesar de ello, no es hasta el año 1980 donde se termina por desclasificar la homosexualidad del Manual Diagnóstico Psiquiátrico. Se plantea que todos los individuos en el desarrollo de su orientación sexual pasan por períodos egodistónicos (incomodidad), que no necesariamente implican un trastorno; por lo tanto, esas conductas homosexuales serían parte de un período normal de desarrollo psicosexual. Posteriormente, si la persona mantiene su condición homosexual en una etapa más madura y ello no le produce malestar o incomodidad, tampoco se considera un trastorno psiquiátrico o psicológico, sino que es entendida como su orientación sexual.

De todas formas, aún no queda claro cuál es la definición más completa o exacta de homosexualidad, sino que sólo existen aproximaciones respecto de ella. Esto porque la homosexualidad constituye una realidad que, por ser humana es compleja, una que no se circunscribe sólo a una aproximación etimológica o descriptiva. Por esta razón, más que hablar de “homosexuales”, resulta más correcto hablar de “personas homosexuales“, porque ello implica una dimensión humana necesaria de reconocer, que evidencia la condición de adaptabilidad y cambio propia del sujeto. Esto en contraposición a la tendencia generalizada de calificar toda conducta sexual que no es heterosexual bajo la categoría de “homosexual”, lo que parece ser una simplificación indebida, y le resta características de humanidad al etiquetarlos como un grupo o categoría. Además, la definición de homosexualidad presenta diferentes características según las situaciones personales y los distintos contextos socio-culturales en los cuales se evidencia. Es decir, el cómo se describa homosexualidad y las conductas que la representan, es relativo a las prácticas desde las cuales se define (Ibáñez, T.; 1994, en Ayala, N.; 2004).

En este sentido, el homosexual, al tener una atracción sexual hacia las personas del mismo género, y rechazar o ser indiferente hacia el género opuesto, difiere de quien se define “transexual”, porque éste  no se siente identificado con su cuerpo y por ello desea cambiar de sexo. Al mismo tiempo, también se diferencia de un “pedófilo“, para quien el objeto sexual son los menores de edad, no necesariamente del mismo género (por ejemplo, existen pedófilos entre los homosexuales y los heterosexuales).

Por otro lado, también es necesario distinguir entre una conducta homosexual episódica y la condición homosexual persistente. La primera de ellas puede ser accidental (en etapa de adolescencia, sin que perdure), o incidental y sustitutiva (que se vive por largo tiempo en contacto con personas del mismo género). Es decir: la conducta homosexual puede responder a determinadas etapas de la vida, mientras que la condición homosexual es una forma estable de relacionarse con el otro. Por lo tanto, no existe una relación necesaria entre una conducta y la relación permanente de la homosexualidad; la condición hace referencia a una situación psicosexual constante, a diferencia de una conducta que dice relación a un contacto sexual, eventualmente ocasional, entre dos personas con la misma condición sexual. (Mifsud, T.; 2006). Es más, esta distinción va a ser importante a la hora de hacer juicios de valor o reconocer situaciones de hecho que se encuentran con frecuencia en la etapa adolescente, inclusive más allá de ellos, donde se reconocen diversas expresiones de conductas homosexuales, lo que no significaría establecerse necesariamente en la condición de homosexual.

Otro aspecto consensuado, apunta a que la comprensión de la homosexualidad no se reduce a simples relaciones sexuales entre personas del mismo género. No existe una relación necesaria entre condición (orientación, tendencia) y conducta (comportamiento), sin tampoco descartarla. Pero la condición homosexual es una situación antropológica de “descubrirse instalado” (generalmente al final de la adolescencia) en la atracción hacia personas del mismo sexo; proceso que implicará, de parte de quienes acompañen, ayudas de diferente orden para que este reconocimiento sea pedagógico, psicológico y psicosocialmente bien trabajado

Además, quienes evidencian una clara condición homosexual no siempre pueden ser descritos bajo los mismos parámetros. En el caso de los varones homosexuales, sólo algunos presentan rasgos femeninos en sus conductas o gestos. Ellos buscan al varón desde su psicología de mujer, mientras los no afeminados son atraídos a otro varón desde su psicología de varón. Lo mismo ocurre de manera inversa en el caso de las mujeres homosexuales, incluso, la mayoría de ellas resultan ser muy femeninas en sus conductas.

De acuerdo a estudios realizados en el año 2006, por un organismo Chileno (INJUV), muchas de las jóvenes evidencian una especie de desilusión frente al estereotipo tradicional asociado al género masculino, y un deseo de buscar lo incompleto o inacabado en personas de su mismo sexo. Los varones, en la percepción de las jóvenes, no son capaces de satisfacerlas emocionalmente, lo que lleva a una insatisfacción de orden afectivo-sexual. En cambio, las mismas mujeres, a la vista de ellas, encarnan una serie de estereotipos calificados como óptimos o deseables, lo que las convierte en el objeto sexual preferido, siendo los varones una segunda posibilidad que palidece ante las sensaciones emotivas de gran profundidad que las jóvenes dicen experimentar con personas de su mismo sexo. La experiencia central aquí es de corte romántico antes que puramente sexual, y es esta experiencia emotiva la que impregna la vivencia sexual lésbica de las jóvenes, elevándola a una categoría superior a lo experimentado en el sexo o en las relaciones heterosexuales, las que tienden a ser definidas como más “básicas”.

Si bien la condición homosexual resulta un tema relevante a nivel social, en el planteamiento de nuevas propuestas de educación o prevención, aún no se toma conciencia de su amplitud y presencia en la población.

III.- Homosexualidad en Chile

La sexualidad ha cambiado y está cambiando en la sociedad chilena; ello resulta manifiesto tanto a la observación especializada como al sentido común. La transformación de la sexualidad en la sociedad chilena se asocia estrechamente con los procesos de modernización que modifican las estructuras, las relaciones y las instituciones sociales. No obstante, se trata también de procesos de modernización que presentan su propia complejidad. (INJUV, 2006)

Una característica de las transformaciones modernizantes se expresa en la dislocación del tiempo y el espacio, es decir, la incrustación en las sociedades locales de tiempos y espacios particulares, configurados en otros contextos y con otras condiciones históricas de construcción. En este sentido, nuestra modernidad se presenta marcadamente heterogénea, ambivalente y contradictoria; al mismo tiempo coexisten la riqueza y la miseria, la racionalidad de los sistemas de gestión empresarial y las racionalidades de sobrevivencia de una miríada de emprendimientos y pequeñas unidades productivas, la filiación a poderosas redes sociales de influencia y la situación de exclusión social y marginalidad de extensos segmentos de población.

Aunque la modernización de la sociedad chilena se realiza prácticamente a lo largo de todo el siglo XX, se radicaliza a partir de fines de la década de 1970. Por ello, muchos de los lenguajes y los sentidos de la modernidad reciente se instalaron y desarrollaron asociados a la experiencia de la dictadura, de modo que aún aparece desgarrada por la memoria y las huellas del horror y del silenciamiento, de la verdad oficial y de las verdades cotidianas silenciadas y reprimidas. En más de un sentido, la sociedad chilena parece elaborar la experiencia de la modernidad más en el registro de la resignificación del pasado que de la apertura al futuro, de pérdida y denegación de derechos más que de apertura a la viabilidad de la movilidad social y de la realización de proyectos de vida (INJUV, 2006).

En este sentido, frente a la presencia de comportamientos homosexuales en la población adolescente/juvenil, existen distintas pero no excluyentes aproximaciones:

-          Se tiende a situar el presente fenómeno social como un tema propio de la adolescencia.

-          Se cree deriva de una serie de fenómenos sociales y culturales enlazados a nuevas tecnologías que han revolucionado las formas de comunicarse, originando una serie de discursos que posibilitan la existencia de prácticas sexuales que van más allá de la heterosexualidad.

-          Y una tercera aproximación, podemos encontrarla en el análisis de ciertas opiniones que sitúan el tema como una “moda”, donde determinados productos son publicitados mediante “spots” que presentan imágenes de erotismo entre chicas y entre hombres.

De acuerdo a estudios realizados por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV, 2006), la “homosexualidad adolescente” es presentada por los medios de comunicación en el marco de un conflicto. Por un lado, se espera una actitud de tolerancia que permita la libre expresión de estas manifestaciones erótico-afectivas entre los/as jóvenes, pero, por otro lado, pese a esta aparente liberalización, se manifiestan reacciones en pugna que ponen en tensión estas tendencias innovadoras.

Llegado a este punto, surgen los siguientes cuestionamientos respecto a los y las jóvenes con orientación sexual hacia el mismo o ambos sexos: ¿Cómo definir estas nuevas formas identitarias y discursivas de la sexualidad?, ¿Quiénes son estos adolescentes que aparentemente tendrían una orientación sexual hacia ambos o el mismo sexo?, ¿Cómo vivencian su sexualidad y qué interpretación les dan a sus prácticas? ¿Se definen en relación a su orientación sexual? ¿Cómo se posicionan en función de la/s ideología/s dominantes en una sociedad heterosexista? Y sobre todo, ¿implican estas prácticas una construcción de discurso/s e identidad/es perdurables en el tiempo?

El tema de la masculinidad o femineidad asoma recién en Chile con la recuperación de la democracia. Pero no es que el fenómeno sea hijo de ésta. La masculinidad tradicional comienza su crisis durante la dictadura, aunque sólo se destape más tarde, en los años 90, cuando existen condiciones favorables para la discusión y un creciente reconocimiento del problema. No obstante, al asunto sigue en la más absoluta marginalidad y ausente de la opinión pública (Rajevic, P.; 2000).

Un primer dato que aparece en nuestro país en relación a la homosexualidad, es que las minorías sexuales, entre ellas los homosexuales, son una organización relativamente joven, que aparece públicamente cerca de los años 60-70, en un período de grandes cambios a nivel político y social en nuestro país.

En la década del ‘70 se realizó la primera manifestación homosexual chilena, durante el gobierno del presidente Salvador Allende. En dicha ocasión, un grupo reducido de varones, marchó por las calles de Santiago reivindicando sus derechos civiles. La marcha fue disuelta violentamente por carabineros y la prensa de la época en el diario “El Clarín”, tituló este acontecimiento como “maricones se toman el centro de Santiago” (Montecinos, E, 1948 en Ayala, N., Gálvez, F.; 2004).

En 1977, después del Golpe Militar, nace el Colectivo Homosexual de Integración, siendo ésta la primera organización exclusivamente homosexual en Chile. Este colectivo estaba compuesto por un pequeño grupo de varones, cuyo objetivo principal era crear lazos de amistad para revisar en forma conjunta la problemática homosexual a la luz de las ideas religiosas presentes en ese tiempo, en vías de una autentica promoción humana.

Luego, en el año 1983, surge el Colectivo Lésbico Feminista “Ayuquelén”, reconocido como el primer grupo que se organizó dentro de las agrupaciones lésbicas y homosexuales chilenas. Este colectivo estaba compuesto exclusivamente por mujeres, quienes alcanzaron presencia en el mundo lésbico y homosexual internacional. El trabajo de esta organización se dirigía hacia tres objetivos en particular: promover las organizaciones lésbicas, con el fin de asumir una posición crítica de su propia vida y contexto social, por medio del estudio del paradigma feminista; revalidar una cultura lésbica siendo éste un grupo de referencia, y promover la calidad de vida de las mujeres (González, M y Hernández, 1999 en Ayala, N., Gálvez, F.; 2004).

En 1987, surge la corporación de prevención del SIDA, la cual se inicia debido a que aparece en nuestro país el VIH SIDA, afectando en un primer momento la población homosexual. Esta situación llevó a los homosexuales a constituir este movimiento, cuyo principal objetivo era la prevención y promoción de los derechos de las personas seropositivas.

Posteriormente, en 1991 nace el Movimiento de Liberación Homosexual (MOVILH), el cual se desprende de un taller organizado por la Corporación Chilena de Prevención del SIDA. Esta organización tenía un carácter social que agrupaba a varones y mujeres homosexuales, planteando como principal objetivo impulsar el debate y reflexión sobre la discriminación sufrida por este sector, además de lograr constituirse como el grupo social más representativo de los homosexuales.

Años más tarde, en 1993, surge la primera organización rural de homosexuales en Chile, cuyo nombre es Liber-H, organización que nace en Paine.

En 1994 se crea el centro Lambda Chile, el cual reunía a lesbianas, homosexuales y travestíes. Esta organización se convirtió en la primera en abordar la temática de las minorías sexuales desde la prevención del SIDA, junto con la defensa de los derechos humanos. Esta agrupación surge debido a que el MOVILH, por discrepancias, se divide; por tanto, las personas que renunciaron a éste último formaron el Lambda Chile. Luego, en 1997 surge el movimiento unificado de minorías sexuales (MUMS), formado a partir de la unificación del MOVILH y el centro Lambda Chile, con el fin de impulsar la unidad dentro de las minorías sexuales y acordar un conjunto de demandas políticas y sociales.

Finalmente, a mediados del año 2007 se conforma uno de las últimas organizaciones a nivel de minorías sexuales en nuestro país. Esta se denomina Federación Chilena de la Diversidad Sexual (FEDISECH) y esta compuesta por: Afirmación Chile, la Agrupación de Amigos y Familiares de la Comunidad Gay (AFAG) de La Serena,  Brigay de Arica, el Centro de Acción Social por la Diversidad (CAS), ChileGay Deportes, la Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual de Osorno (CUDSO), GLTTB Temuco, Grupo de Apoyo a Hombres Transexuales (GAHT), MovihRed, MOVILH, la Organización de Transexuales por la Dignidad de la Diversidad de Rancagua (OTD) de Rancagua, TravesNavia y TravesTalca.( MOVILH, 2006)

Distribuidas en 15 ciudades, las organizaciones tienen en su conjunto presencia en las regiones de Tarapacá, Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Libertadores Bernardo O´Higgins, Maule, Bío-Bío, Araucanía, Los Lagos, Arica y Parinacota y Metropolitana, situación que convierte a FEDISECH en el más amplio referente de minorías sexuales creado en Chile. Una de sus funciones más importantes corresponde a la representación y defensa de los derechos de las minorías sexuales. Por esta razón, actualmente esta organización lucha por la consecución de una ley que los proteja contra la discriminación y les permita expresar libremente su orientación sexual, sin temor a represalias ni agresiones posteriores en una sociedad donde se sienten reprimidos y enjuiciados constantemente. (MOVILH, 2006)

Según datos aportados por el INJUV, los mandatos de género tradicionales obligan a los jóvenes, en algunos casos, a ocultar sus gustos, atormentados por el miedo a la estigmatización y la discriminación. Se anteponen en este caso a su orientación sexual, las otras dimensiones que los definen como sujetos, actuando la condición sexual como parámetro categórico que estigmatiza a homosexuales, lesbianas y bisexuales en desmedro de su condición de sujeto integral.

De acuerdo a estudios realizados por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) en el año 2006, en el caso de las mujeres homosexuales, con el pasar del tiempo, la mayoría dejan “suspendida” estas primeras experiencias y/o juegos homoeróticos, y comienzan sus vínculos amorosos-afectivos con varones (alrededor de los 15 años), llegando incluso a consolidar relaciones de pareja heterosexuales, aún cuando en ciertas ocasiones mantienen esporádicamente y a escondidas su relación amorosa con aquella primera compañera-amiga de infancia o con alguna nueva amistad; es decir, intercalan ambos vínculos, pareja formal con el varón y encuentros afectivo-sexuales con una amiga.

Aún cuando este proceso, y por efecto de la fuerte estigmatización y negación del entorno social, se encuentra invadido de sentimientos morales y valóricos contradictorios, alrededor de los 16-17 años, varias de las jóvenes comienzan a “tomar conciencia” de su gusto hacia ambos sexos, lo aceptan, y sacan a luz aquellos sentimientos reprimidos.

En este sentido, resulta interesante vislumbrar las fuertes contradicciones que invaden a jóvenes con orientación sexual diferente a la heterosexual, moviéndose entre discursos diversos y contrarios. Por un lado, dicen aceptarse tal cual son y, por otro, señalan estas experiencias como anormales o sencillamente “optan” por asumir un vínculo heterosexual a modo de sobrellevar mejor sus vidas. Sea cual sea el sentimiento existente en el proceso de construcción identitaria, el grupo de pares se constituye en un espacio trascendental en este camino de conocer/se emocional y sexualmente.

Generalmente el grupo de pares (compañeros, amigos, vecinos), es identificado como el espacio que les permitió a los jóvenes “expresarse” o “donde todo comenzó”, y el cual presenta ciertas características que tienen estrecha relación con las emocionalidades homosexuales que los acongojan, pues está integrado por personas que manifiestan similares sentimientos o, a lo menos, que no representan la heterosexualidad impositiva y dominante socialmente (INJUV, 2006).

Es relevante hacer mención que frente a esta fuerte estigmatización que viven las personas con una orientación distinta a la heterosexual, la falta de apoyo de su familia directa, y ante la necesidad imperiosa de poder hablar sobre lo que están viviendo, el grupo de pares se constituye en un pilar fundamental en el desarrollo libre de su vida sexual-amorosa, sintiéndose acogidos y gratos. Por el contrario, quienes carecen de similar espacio de interacción, manifiestan un gran sentimiento de frustración, tendiendo a ocultar su orientación sexual, viéndose restringida su construcción identitaria sexual y de género.

En términos generales, según algunos estudios, existiría una incapacidad o negativa por parte de los jóvenes de transformar en discurso identitario las prácticas sexuales vivenciadas o definidas de alguna manera como homosexuales o bisexuales. Esta negación se desarrolla de forma paralela tanto desde los jóvenes como desde su entorno social inmediato. Es lo que se ha denominado el “secreto a voces“, proceso que ocurre cuando las prácticas afectivo/sexuales de estos jóvenes son obviadas, toleradas y/o permitidas por quienes detentan el poder de excluir (padres, maestros o grupos de pares) en la medida en que existe un compromiso tácito de no llevar al discurso y/o de no generar identidad en torno al tema de sexualidades no heterosexuales (INJUV, 2006). Este silenciamiento puede desplegarse de varias maneras, y generalmente tiende a manifestarse cuando el joven habla directamente acerca de su sexualidad diferente, o cuando alguien de su entorno cercano también lo hace, manifestación discursiva que es prontamente censurada por los demás.

De acuerdo a estudios nacionales, cerca del 52% de la población chilena se considera homofóbica (Fundación IDEAS, 2003 en Ayala, N., 2004) y sólo el 0,3% reconocer ser homosexual abiertamente (MINSAL, 1998 en Ayala, N., 2004). Por otra parte, una encuesta sobre tolerancia y discriminación efectuada en 1996, mostró que el 54,8% de los entrevistados estaba convencido de que la homosexualidad debiera prohibirse pues: “va contra la naturaleza humana“, mientras que el 70% estimó que los médicos debieran “investigar más las causas de la homosexualidad para evitar que sigan naciendo más homosexuales” (Rajevic, P., 2000, pp 219). Esto da cuenta de dos puntos importantes: la gran cantidad de homosexuales invisibles socialmente, que se instalan desde espacios sociales no públicos ni organizados; y, al mismo tiempo, instala la pregunta: la homosexualidad o bisexualidad ¿se rechaza por lo que ello implica o por el desconocimiento respecto del tema?

En el campo de las opiniones sobre la sexualidad, el INJUV en su 4ª Encuesta Nacional (2004), quiso conocer el grado de acuerdo con una serie de temas o proposiciones como: mujeres con amante, lesbianismo, varones con amante, diferentes vínculos de pareja, diferentes prácticas sexuales, etc. A partir de ella, es posible destacar como resultado que, en relación a los vínculos, lo menos aceptado o tolerado tiene relación con la infidelidad y la homosexualidad de varones y mujeres. Sin embargo, de acuerdo a respuestas obtenidas desde la misma encuesta, aunque en el apartado sobre prevención y VIH  el 18% de los varones dice haberse infectado por relación heterosexual, el 30% fue por relaciones sexuales entre varones. Ahora bien, por razones biológicas y epidemiológicas, la probabilidad de que un varón se contagie en una relación heterosexual es muy baja, lo cual hace dudar sobre la adecuación a la realidad del dato de 18% infectados por esta vía. A partir de esto, es posible pensar que realmente lo que se esconde es homofobia, es decir, dificultad en el reconocimiento y autoreconocimiento de las conductas homosexuales.

De acuerdo a un estudio realizado en Chile por Genera y aplicado por la Consultora Cimagroup[1], la fuerte homofobia encontrada, reflejada en el 6% de tolerancia a las prácticas homosexuales, es posible contrastarla con países europeos como Francia, donde las mujeres en un 41% dicen aceptar la homosexualidad. De hecho, los primeros acuerdos y leyes respecto de este tema surgieron en naciones europeas, posiblemente porque en estos países no produce roce ni debate entre los ciudadanos, a diferencia de lo que ocurre en el nuestro.

En este contexto, el bajo nivel de tolerancia que existe entre los jóvenes en Chile resulta preocupante para algunos. Considerando que la tolerancia es necesaria e imprescindible para lograr una convivencia armónica, la pregunta es si debiera ser un tema de política pública el enseñar a los ciudadanos de un país a ser tolerantes y a aceptar la diversidad, por ejemplo en el ámbito sexual.

De acuerdo al estudio “Derechos y Ciudadanía en el Chile de Hoy” (MOVILH, 2006), efectuado por la corporación Genera Ideas y Acciones Colectivas, la mayoría de los santiaguinos tienen la conciencia de que nuestro país es discriminador. Un contundente 92% estuvo de acuerdo con que “los chilenos somos discriminadores”, frase con la que estuvieron de acuerdo un 94.4% de las mujeres y un 89.4 % de los varones, una nueva muestra de la mayor sensibilidad del sexo femenino frente a estos temas.

De 12 condiciones sociales, culturales y psicobiológicas, para los encuestados la discriminación por orientación sexual se ubicó en el sexto lugar de lo que se consideran las exclusiones “más importantes”, mencionada por un bajísimo 3%. Los primeros lugares lo obtuvieron las categorías “ser pobre” (37 %), “color de piel o apariencia física” (24 %), “no tener suficiente educación” (9 %), “ser discapacitado” (5 %) y “tener origen extranjero” (4 %). Junto o por debajo de la orientación sexual se ubicaron “lugar de proveniencia”, “pertenecer a un pueblo originario” y “ser mujer”, todos con un 3% cada uno, y “no ser nadie importante” y “ser joven”, con un 1% en ambos casos.

De acuerdo al movimiento de minorías sexuales de nuestro país (MOVILH, 2006), al comparar el estudio de Genera con otras investigaciones que han abordado el tópico de la orientación sexual, los resultados descritos pueden tener tres lecturas. Constatando que  la totalidad de los estudios sobre minorías sexuales han revelado que estas son rechazadas en promedio por un poco más de la mitad de la población, el hecho que la categoría “orientación sexual” figure con un bajo 3 % entre las discriminaciones más importantes puede revelar:

1.- Una adquisición de conciencia respecto a que existe una disminución progresiva al rechazo a las minorías sexuales, por lo cual el fenómeno pasa a ser menos relevante que otros.

2.- Que las personas tienden a identificar como más importantes los hechos más visibles o que les son más cercanos, y dada la baja población de minorías sexuales en relación a los pobres o a los ciudadanos con problemas de apariencia física,  el factor orientación sexual figura como más lejano y, por tanto, menos relevante.

3.- Que efectivamente se reconoce la discriminación a las minorías sexuales, pero no se identifica como importante, lo cual deriva en la paradoja de una nueva forma de exclusión.

Aunque estas eventuales causas pueden ser algunos casos contrapuestas, es dable suponer que todas ellas de alguna forma inciden en los resultados de Genera, por lo que sólo existiría la posibilidad de llegar a análisis más certeros si es que futuras consultas pudieran considerar de alguna manera las variables descritas.

Mientras tanto, en el presente año (2007), el estudio sobre “Derechos Ciudadanos en la Administración” emitido por la Comisión Defensora Ciudadana Pública, refuerza la tesis de la fuerte discriminación que afecta a algunos sectores de nuestra población. A juicio de la Presidenta de la Comisión Defensora Ciudadana, la realidad conocida a través de esta encuesta refleja que se deben adoptar medidas no solo para revertir el panorama, sino además para sancionar aquellas conductas abiertamente discriminatorias. “Cuando se sanciona la discriminación, se avanza en la construcción de una sociedad más inclusiva, capaz de reconocer la diversidad y generar espacios para todos“, indicó Danae Mlynarz. A su vez, también recordó que importantes organizaciones ciudadanas han llamado a los Senadores a aprobar el proyecto que obliga al Estado a prevenir y sancionar toda discriminación en contra de cualquier persona o grupo de personas.

No obstante, a pesar de estas intenciones, los resultados apuntan a que menos de un tercio de los jóvenes de Chile son tolerantes o, en otras palabras, que más del 70% discriminan a otras personas, lo que ciertamente, resulta paradójico si pensamos que la etapa donde se manifiesta con mayor fuerza la homosexualidad o bisexualidad es durante la adolescencia y la juventud.

Sin embargo, a pesar del gran porcentaje de discriminación existente en la actualidad, el Estudio Mundial de Valores conocido en septiembre del 2006 permite comparar la evolución de aceptación hacia la homosexualidad desde 1990 hasta el 2006 en nuestro país. El dato concluyente y clave es que pese a que Chile es una sociedad tradicional que modifica lentamente sus valores, el grado de justificación hacia la homosexualidad ha experimentado un “aumento progresivo” que fue calificado como “sorprendente” por los responsables de la investigación. Así, la homosexualidad es al 2006 el segundo fenómeno más justificado por los chilenos del total de siete aspectos evaluados por el Estudio Mundial de Valores, siendo sólo superado por el divorcio. En tanto en 1990 la homosexualidad ocupaba el tercer lugar, con igual nivel de aceptación como el de la prostitución y el aborto. En el marco de una escala de 1 a 10; dónde 1 significa “nunca pueden justificarse” y 10  “siempre pueden justificarse”; la homosexualidad alcanzó el 2006 un puntaje de 4.9, mientras el divorcio obtuvo un 6, la eutanasia un 3.8, la prostitución un 3.5, el aborto un 2.6, el suicidio un 2.3 y la categoría “un hombre golpea a una mujer” un 1.4. (www.movilh.cl)

Las cifras vienen a demostrar lo que otros estudios y encuestas ya venían aclarando en años anteriores[2]: que existe una gran discriminación hacia las minorías sexuales por parte de la mayoría de los chilenos, pero al mismo tiempo va cristalizándose una mejor aceptación.

Así es como el estudio del profesor y director de World Values Survey Association, Ronald Inglehart, que aplicó en Chile la consultora Mori[3], arrojó que en 1990 el grado de justificación de la homosexualidad era de 1.8; en 1996 de 3.3; en el 2000 de 4 y en el 2006 de 4.9.

Para algunos especialistas, la causa de estos cambios se encuentra en que la ciudadanía está cada vez más abierta a promover entre sus niños y niñas el valor de aceptación de la diversidad. De un total de 10 alternativas, “la tolerancia y respeto por los demás” fue el aspecto más mencionado por los chilenos con un 80 %, siendo sólo superado por el 83% alcanzado por “el sentido de la responsabilidad” (MOVILH, 2006).

Sin duda, los cambios culturales respecto del trato y visibilización de la diversidad sexual en nuestro país, les han permitido a estas minorías alcanzar algunos logros propuestos desde los inicios de su organización. Para las minorías sexuales el año 2006 se caracterizó por una gran cantidad de logros en distintos ámbitos, sociales, políticos, educacionales, reflejados en la presencia de nuevas políticas gubernamentales que aclaran la forma de trato, convivencia e integración de este grupo de personas a nuestra sociedad.

En el ámbito educacional, a pesar de la negativa de un número importante de chilenos, en el año 2006 el Ministerio de Educación intentó implantar una nueva Política de Educación Sexual y Afectividad en los colegios. El objetivo fue impedir la discriminación por orientación sexual y/o identidad de género de parte de los docentes y entre compañeros. Por esta razón, el 29 de diciembre del 2006, en una reunión entre la ministra de educación Yasna Provoste y el presidente del MOVILH Rolando Jiménez, se adoptó la idea de difundir un instructivo dirigido a todos los colegios y liceos, que se ajuste a los requerimientos del Proyecto de Ley que establece Medidas contra la discriminación, el cual espera ser aprobado durante el presente año[4]. Con el instructivo se busca que todos los reglamentos de colegios y liceos que establecen sanciones contra las minorías sexuales sean modificados y que, el al mismo tiempo, se enfrenten oportunamente los casos de discriminación basados en la orientación sexual y/o la identidad de género.

Por su parte, la FEDISECH también acordó realizar acciones políticas, sociales, culturales y académicas para la pronta aprobación del Pacto de Unión Civil (PUC), o unión entre homosexuales (matrimonio),  y de la Ley Antidiscriminatoria, próxima a votarse. Igualmente avanzará en la elaboración y apoyo de un proyecto de ley que modifique el artículo 373 del Código Penal, que sanciona las ofensas al pudor, la moral y las buenas costumbres, y la ejecución de una campaña nacional contra la discriminación que a su vez permita una mayor visibilización del movimiento chileno de minorías sexuales en regiones: “Muchas de estas acciones darán luces en lo que queda del año. Fuimos muy rigurosos en plantearnos metas concretas y posibles de realizar“, indicaron los representantes de la Federación, tras aclarar que también se luchará por igualar la edad de consentimiento sexual entre homosexuales y heterosexuales y por derogar normas que faculten a la Iglesia Católica impedir cualquier ejercicio profesional a las minorías sexuales (La Nación, 2007).

A partir de ello, es importante mencionar que en el ámbito valórico cultural, un dato que también ha sido constatado en numerosos estudios, no sólo aquí sino también en otros países, es que frente a afirmaciones que implica tomar posiciones ideológicas o valóricas, los jóvenes se muestran flexibles, generando un panorama de respuestas donde las mayorías se alternan entre posiciones conservadoras y liberales. Sin embargo, la religión que el individuo profese tiene una fuerte influencia en la edad de iniciación y práctica sexual, hecho que permite pensar la posibilidad de que ésta también influya en la aceptación de su orientación sexual[5] (INJUV, 2001)

De acuerdo a datos obtenidos desde la III Encuesta Nacional de Juventud (2001), la gran mayoría de los jóvenes chilenos declara creer en Dios y sentirse más cercano a la Iglesia Católica (53%) que a otra iglesia (pp. 121-122), hecho que permite pensar que sus decisiones se basan en los postulados de ésta institución y sus convicciones.

En este sentido, la Iglesia Católica ha planteado su postura respecto de la condición homosexual o bisexual de las personas. De acuerdo al documento conclusivo de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana (2007)[6], entre los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar encontramos la ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual y practicarla, sin tomar en cuenta las diferencias  dadas por la naturaleza humana y la poca preparación de un segmento de la población para asumirlas como tal. Además, reafirma en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el principio fundamental de la inadmisibilidad de la discriminación y proclama que: “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene todos los derechos y libertades en ella consagrados sin distinción alguna“. (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005)

En este sentido, la Iglesia Católica rescata la visión humana de quienes asumen esta condición y la acepta. Sin embargo, manifiesta su abierta oposición frente a las prácticas homosexuales o bisexuales.

Bajo esta óptica, el primer diálogo sostenido entre minorías sexuales organizadas y representantes de la Iglesia ocurre en septiembre del 2005, con la presencia de la Conferencia Episcopal de Chile, representada por su Presidente, el Obispo Alejandro Goic, y miembros del MOVILH, entre ellos su también presidente Rolando Jiménez. En ella, el episcopado deja las puertas abiertas a cualquier organización que quiera dialogar sobre el tema, sobre sus intereses o propuestas futuras, permitiendo el comienzo de una relación hasta ahora restringida y censurada por muchos católicos. Una vez finalizada la cita, y con la clara convicción de que entre ambas partes no habrá acercamiento en torno a variados principios valóricos, Goic sostuvo públicamente que “toda persona, independiente de su condición social, económica, de orientación sexual, es un hijo de Dios, creado a imagen y semejanza y por eso merece nuestro profundo respeto”.

Sin embargo, frente a la unión civil entre parejas homosexuales, manifestó un contundente y claro rechazo, en el marco de las resoluciones de la 89 Asamblea Plenaria de la Iglesia realizada la semana anterior en Punta de Tralca. En oposición explicita a la unión entre homosexuales que avanza en España, Goic criticó los nuevas concepciones implicadas en estos cambios. “Que se cambie la definición de matrimonio de un hombre con una mujer para llamarlos cónyuges, y se cambie el nombre del padre y la madre para llamarlos progenitores, es cambiar el orden natural de las cosas, y eso, evidentemente no lo vamos nunca a aceptar”. Agregó que “a mí me causa un profundo dolor cuando se trastocan valores fundamentales, el matrimonio por naturaleza es la unión entre hombre y mujer, siempre lo será (…) El matrimonio es un bien común que corresponde a católicos y no católicos, creo que es un signo de decadencia llamar matrimonio a una institución que nunca lo será”.(www.opusgay.cl)

Pese a lo anterior, el obispo insistió en que la Iglesia Católica no discrimina a las minorías sexuales “Si la vida es sagrada el homosexual merece ser respetado y dignificado. Pero llamar matrimonio a algo que no lo es trastoca el valor de las cosas “, dijo. En ese sentido, el obispo Alejandro Goic expresó nuevamente su disposición a aceptar la regulación del régimen patrimonial entre homosexuales, reconociendo que en las parejas gays, lésbicas o transgéneros existe estabilidad. Otra cosa, distinta al matrimonio, “es que la ley intente regular algunos aspectos patrimoniales para aquellas parejas con cierta estabilidad”, puntualizó. (www.opusgay.cl)

De la misma manera, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz,  afirmó: “Uno puede comprender que la población homosexual se relacione, tenga estabilidad entre ellos, que quieran tener comunidad de bienes, etc., pero eso no es matrimonio. Hay que darle otro nombre, porque es una realidad completamente diferente…”. (www.opusgay.cl)

La postura de la Iglesia Católica frente a las prácticas de las minorías sexuales y  sus futuros proyectos es explícita. Ha hecho evidente su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo y, en ese marco, el 23 de febrero  del 2004 el cardenal Francisco Javier Errázuriz informó de una conversación sostenida con el Papa Benedicto XVI, donde éste último valoró la oposición de la presidenta electa Michelle Bachelet al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo: “El fue el que me preguntó sobre cómo va Chile. Él mismo recordaba que había sido elegida una Presidenta [...] Yo le pude contar que en las conversaciones con la señora Michelle Bachelet, ella misma me había dicho que era contraria al aborto terapéutico y también que era favorable al matrimonio entre un hombre y una mujer“, sostuvo Errázuriz; “Y el santo padre dijo: ‘Qué bueno, son grandes valores que está representando en este campo”, agregó. (www.opusgay.cl)

A la par con estas declaraciones, el vocero de gobierno de Michelle Bachelet, Ricardo Lagos Weber, valoró el reconocimiento del Papa, aunque al instante aclaró que lo importante es lo establecido por la presidenta electa en su programa. Y es que aún cuando la presidenta se ha opuesto explícitamente al matrimonio entre personas del mismo sexo, ella incluyó en su programa variadas demandas del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) como es una ley de unión de hecho entre parejas homosexuales.

Sin duda, las diferencias entre ambos sectores son motivo de variadas conversaciones, e incluso, discusiones, es posible evidenciar notables mejoras y avances en materia de acercamiento. La cita entre el MOVILH y la CECH demuestra que es posible el diálogo, pese a las diferencias. Demuestra que en una sociedad democrática pueden convivir sin violencia dos sectores claramente opuestos. Demuestra que es posible hacer uso de la libertad de expresión y religión sin dañar la integridad de un sector de la población.

Si bien es cierto, para gran parte de la población este acercamiento puede ser sinónimo de avance en materia de integración y tolerancia social, para otros permanecen desacuerdos y cuestionamientos aún no abordados, y que probablemente, tomen mucho tiempo el solucionarlos.

Debiéramos preguntarnos si realmente es posible una verdadera integración sin dejar de lado los principios que plantea la Iglesia Católica, o si debe ser la Iglesia quien deba ceder y aceptar las prácticas de las minorías sexuales y preparar a los creyentes en este tema, o si las personas homosexuales deben ser quienes se adecuen a un contexto social y eclesial que no se encuentra preparado para asumir esta realidad, y que probablemente le tome mucho tiempo contar con las herramientas suficientes para hacerlo. Promover este último proceso, pareciera ser nuestro actual desafío.

IV.- Bibliografía:

Araujo, Katia (2007): Cruce de lenguas, sexualidades, diversidad y ciudadanía”. Ediciones LOM, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Santiago, Chile.

Ayala, Natalia; Gálvez, Francisco (2004): “Homosexualidad no organizada, estudio cualitativo desde un enfoque socioconstruccionista”. Tesis para obtener el título de Licenciado en Psicología, Universidad de las Américas, Santiago, Chile.

Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), artículos consultados:

-          Programa Observatorio de Juventud (2005): Cuadernillo Temático: “Prejuicio y Discriminación“. Departamento de Estudios. Santiago, Chile.

-          Informe ejecutivo final (2001): “III encuesta Nacional de la Juventud. Santiago, Chile.

-          Goldstein, Eduardo (2001), representante del Ministerio de Salud, Café  Diálogo: “Sexualidad Juvenil”. Santiago, Chile.

Mifsud, Tony (2006): “Ethos Cotidiano, un proceso de discernimiento”; capítulo: “Homosexualidad, condición humana, propuestas éticas” Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile.

Olavaria, José; Parrini, Rodrigo (2000):”Masculinidad/es. Identidad, sexualidad y familia“; Primer encuentro de Estudios de Masculinidad. Editado por FLACSO, Santiago, Chile.

Pontificio Consejo Justicia y Paz (2005): “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Editado por la Conferencia Episcopal Argentina, Buenos Aires, Argentina.

Rajevic, Pía (2000): “El libro abierto del amor y el sexo en Chile“. Editorial Planeta, Santiago, Chile.

Revista Observatorio de la Juventud (2006): “Juventud y sexualidad, transformaciones en el nuevo milenio”,  nº 10. Artículos consultados:

-          Aravena, Andrea: “Sexualidad juvenil y cultura en el Chile actual. Reflexiones desde el campo de la Antropología”.

-          Centro de estudios socio-culturales (CESC): “Secreto a voces: afectos y sexualidades en mujeres jóvenes con orientación sexual hacia ambos sexos”

V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (2007): “Aparecida, documento conclusivo“. Editado por CELAM, Santiago, Chile.

Valdés, Teresa; Guajardo, Gabriel (2003):”Hacia una agenda sobre sexualidad y derechos humanos en Chile”; Seminario-Taller. Editado por FLACSO, Santiago, Chile.

IV .1.- Medios electrónicos:

V informe anual: “Derechos Humanos de las Minorías Sexuales Chilenas” (hechos 2006,) publicado en: www. movilh.cl (visitado en agosto-septiembre 2007)

Mujeres enseñan  a padres como aceptar a sus hijos gay“. Artículo publicado sábado 14 de abril del 2007 en: www.laestrella.cl (visitado en abril, 2007)

Profesora de religión habla del recurso de protección contra vicario que la discriminó por ser lesbiana: “No siento rabia, pero estoy dolida con la Iglesia“. Artículo publicado 21 de agosto, 2007 en: www.lanación.cl (visitado en agosto, 2007)

Preocupante encuesta: “chilenos discriminados por “ser pobres” o “nadie importante”. Artículo publicado en: www.lanación.cl (visitado en agosto, 2007)

Conferencia Episcopal Chilena: “Matrimonio homosexual es signo de decadencia…” (visitado en agosto de 2007). Artículo publicado 27 de abril de 2005 en: www.opusgay.cl (visitado en agosto, 2007)

Aunque presidenta electa está a favor de unión de hecho: “Papa valora oposición de Bachelet a matrimonio homosexual”. Artículo publicado en febrero, 2004 en: www.opusgay.cl (visitado en agosto, 2007)

“Cardenal cambia visión sobre unión gay, pero rechaza el matrimonio”. Artículo publicado 12 de octubre del 2004 en: www.opusgay.cl (visitado en agosto, 2007)

Escrito por. Masiel Muñoz, Psicologa


[1] El estudio se realizó entre el 22 de septiembre y el 11 de octubre del 2006, tiene un margen de error del 4% y se basó en consultas a 517 hombres y mujeres de entre 16 y 65 años de todos los estratos socioeconómicos del Gran Santiago.

[2]IV Informe de los Derechos Humanos de las Minorías Sexuales Chilenas”; publicados en www.movilh.org

[3] El Estudio Mundial de Valores fue aplicado entre el 14 y el 24 de julio del 2006, conteniendo una muestra de mil casos de 18 a 80 años, de ambos sexos, todos habitantes de ciudades con más de 40 mil personas de la I a X Región. La muestra tiene un margen de error del 3 por ciento y es representativa del 70 por ciento de la población nacional.

[4] La ministra de Educación, Yasna Provoste, se reunió con el MOVILH para escuchar sus propuestas contra la discriminación hacia las minorías sexuales en liceos y colegios. La ministra aceptó la petición del MOVILH de elaborar un instructivo que prevenga e impida la homofobia o transfobia. Se espera que el documento sea distribuido a los establecimientos educacionales en el 2007.

[5] Esto es válido sólo para el rango de 18 a 29 años, por la dificultad de conocer la participación religiosa de los adultos cuando ellos eran jóvenes. Aproximadamente un tercio de los jóvenes tiene una fuerte participación religiosa.

[6] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Aparecida, documento conclusivo. Santuario de nuestra señora de Aparecida, Brasil, 13 al 31 de mayo del 2007; pp. 56.

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